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ITINERARIOS DE TINTA | SALA PAVILION, MADRID | 20.12 - 22.12.2017

¿Para qué llamar caminos a los surcos del azar?

Antonio Machado

 

Trazar un itinerario es proponer un recorrido, sugerir una manera específica de transitar un camino antes de llegar al mismo. El itinerario así entendido, hace las veces de guía en la que se indican los accidentes de la ruta, se planifican las paradas, se evita la pérdida. Pero, ¿qué es realmente un camino sin pérdida?

Ni siquiera la trayectoria más planificada escapa a la desorientación y el azar. Pero es que el itinerario se rehace una y otra vez en el errar, en la (in)decisión del camino que se escoge, por el que se deja atrás. El extravío permite que las rutas desestimadas interfieran el rumbo fijado y expongan la certeza del itinerario trazado a la imprecisión de la ‘itinerancia’.

Así, el itinerario es proceso, experimentación, azar. No puede ser desvinculado del tránsito, de la transición, y en él, no es quizás tan importante el destino como los lugares de paso. De ellos nos acordamos cuando regresamos y, en el relato del viaje, trazamos otro tipo de itinerario, el de la memoria.

En el itinerario del recuerdo, los paisajes evocados son recorridos una y otra vez: por donde fui, donde me perdí, por donde pude haber ido, donde me detuve, por donde ella fue, donde me encontré. Los lugares, aprendidos en la vivencia, son reconstruidos, reinventados en su narración, y así brotan en ellos otros colores, otras gentes, otros espacios.

Y es que a veces, en estos itinerarios la imaginación sustituye al detalle olvidado y desborda la inexactitud de la memoria, que asegura que aquello (nunca) ocurrió. En este limbo indefinido es donde nacen los territorios inventados, aquellos que con el paso del tiempo se van fosilizando y se confunden, se enredan con el sendero verdaderamente transitado.

Los Itinerarios de tinta son fruto del detenimiento de quien recuerda, del entusiasmo de quien inventa, de la incertidumbre del que se pierde y la sorpresa del que se encuentra. Son uno y muchos itinerarios a la vez, el mismo paisaje desdoblado y las posibles maneras de surcarlo, de esbozarlo, de contarlo. Los itinerarios son el camino omitido y el escogido, una senda de regreso a esos lugares que tú también visitaste, olvidaste, inventaste, y ahora recuerdas.

María Gómez López Historiadora del Arte

 

To draw up an itinerary is to propose a route, to suggest a specific way of traveling along a path before arriving at it. The itinerary thus understood, acts as a guide in which accidents on the route are indicated, stops are planned, and loss is avoided. But what is really a road without loss?

Not even the most planned path escapes disorientation and chance. But the fact is that the route is redone over and over again in wandering, in the (in)decision of the path that is chosen, instead of the one that is left behind. Wandering allows neglected routes to interfere with the fixed course and expose the certainty of the traced itinerary to the imprecision of 'itinerancy'.

Thus, the itinerary is process, experimentation, chance. It cannot be dissociated from transit, from transition, and in it, perhaps the destination is not as important as the places of passage. We remember them when we return and, in the narrative of the journey, we trace another type of itinerary, that of memory.

In the itinerary of memory, the landscapes evoked are traveled over and over again: where I went, where I got lost, where I could have gone, where I stopped, where she went, where I found myself. The places, learned in the experience, are reconstructed, reinvented in their narration, and thus other colors, other people, other spaces emerge in them.

Sometimes, in these itineraries, the imagination replaces the forgotten detail and overflows the inaccuracy of memory, which assures that it (never) happened. It is in this indefinite limbo that the invented territories are born, those that with the passage of time become fossilised and confused, becoming entangled with the path truly traveled.

The exhibition Itineraries of Ink stems from the pause of the one who remembers, the enthusiasm of the one who invents, the uncertainty of the one who is lost and the surprise of the one who is found. They are one and many itineraries at the same time, the same unfolded landscape and the possible ways to traverse it, to outline it, to tell about it. The itineraries are the omitted path and the chosen one, a path back to those places that you also visited, forgot, invented, and now remember.

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